Cuando Marilyn French, feminista norteamericana, declaraba en las páginas de El País en 1978 que la guerra de sexos la estaban ganando las mujeres, seguramente no esperaba la reacción que con el tiempo se produciría entre algunos hombres que, hastiados de feministas supremacistas, iniciarían el Movimiento por los Derechos de los Hombres. Se trata de un conjunto de personas y grupos de diversas orientaciones ideológicas que se  han extendido, sobre todo, en internet. Cuentan con páginas como quiensebeneficiadetuhombria.wordpress.com, misandria.info, avoiceformen.com o chefyc.wordpress.com, entre otras, así como numerosos canales en youtube, entre ellos los de los MGTOW (Men Going Their Own Way), “los hombres que siguen su propio camino”. También cuentan con una intervención asidua en los comentarios de noticias relativas a la relación entre hombres y mujeres. Carecen, de momento, de organizaciones con fuerte presencia en la calle y con influencia en las instituciones del Estado o en los medios de comunicación de masas. En estos ámbitos en España el feminismo de Estado se encuentra muy bien establecido después de haber tomado la determinación estratégica de entrar en las instituciones del Estado a finales de los años setenta y aprovechar las numerosas subvenciones y prebendas estatales.
Alguna  feminista, como Marisa Soleto, manifiesta en un artículo titulado Acoso al feminismo en el periódico El Mundo su preocupación por la amplitud de la contestación a las tesis feministas sin pensar que alguna razón habrá para ello y descalificando como “machistas” a quienes osen criticar sus afirmaciones. Tal vez añore la censura de otros tiempos.

Temas donde divergen hembristas y masculinistas

El punto de vista sobre la  violencia en la pareja de unos y otros es bastante diferente. Para el feminismo hembrista el hombre es un opresor según la teoría del patriarcado y ejerce la violencia sobre las mujeres de forma estructural. Para el masculinismo la violencia en la pareja se ejerce en las dos direcciones aunque el número de mujeres muertas es mayor que el de hombres; para ello se basan en los numerosos estudios sobre el tema que figuran en la página escorrecto.org. Por su parte el hembrismo habría conseguido aprobar leyes de violencia de género sin que el número de muertes de mujeres se redujera, por ejemplo, en España, generando denuncias falsas, penalizando más al varón que a la mujer por el mismo hecho (discriminación hacia los hombres) y dilapidando abundantes recursos materiales y humanos en la aplicación de esas políticas aprobadas por todos los partidos políticos en 2004. Ahora, pretenden establecer un Pacto de Estado, ¿tal vez para crear un delito de apología que impida las críticas a esas políticas hembristas? Además, con la presencia de cada uno de los más de 50 asesinatos de mujeres por sus parejas heterosexuales en los medios de comunicación de masas se está generando un clima de criminalización hacia los hombres heterosexuales por el hecho de serlo en un país de los de menor incidencia de muertes por la mal llamada violencia de “género”.
Los y las masculinistas señalan que el suicidio es mucho mayor en hombres que en mujeres, la mortalidad por accidentes es mucho mayor entre los hombres, que suelen ocupar trabajos más peligrosos, la esperanza de vida de los hombres es varios años menor y, en el siglo pasado, en España se ha incrementado. Además, las guerras siguen matando a más hombres que a mujeres. En los ejércitos, aunque han entrado las mujeres, la mayoría siguen siendo hombres. Por todo ello, creen los masculinistas que se sigue considerando a los hombres desechables. A la hora de salvar la vida, las mujeres, primero. Se espera que los hombres den la vida por el bien de la comunidad y por la vida de las mujeres.
Los conflictos por la custodia entre hombres y mujeres son numerosos y parece que los tribunales se irán decantando por la custodia compartida, postura inaceptable para algunas feministas que consideran a los hijos sólo de la madre. Se queja el masculinismo de que la justicia penaliza más a los hombres que a las mujeres. Un hecho cierto es que en las cárceles más del 90% son varones. En el Reino Unido se está estudiando cerrar las prisiones de mujeres para contar con más espacio para los hombres. En Canadá, cuando una mujer mata a un recién nacido la pena para la madre es de cinco años como máximo. Un informe elaborado en USA asegura que se penaliza menos a las mujeres que a los hombres. Una feminista, Julie Bindel, columnista de The Guardian, deseaba que a los hombres se nos internara en algún tipo de campo de concentración.

¿Guerra de sexos o guerra de clases?

Para el Sistema estatal-capitalista la guerra de sexos permite enfrentar a los hombres y mujeres evitando alianzas entre hombres y mujeres de la misma clase. Es importante desactivar esta lucha promoviendo la igualdad de derechos y obligaciones entre hombres y mujeres para lo que hay que suprimir la discriminación por razón de sexo. La discriminación siempre es negativa. Usar la palanca estatal para eliminar la discriminación de las mujeres no ha dado los resultados igualitarios que, aparentemente, se pretendían. Pero a las personas que rinden culto al Estado es difícil hacerles entrar en razón. La fe en el Estado se encuentra bien enraizada en el feminismo socialdemócrata. Ya Emma Goldman advertía de que los prejuicios y hábitos de las mujeres no se reducían con legislación. El Estado no es una institución dedicada a mejorar la convivencia sino a proteger a la minoría dominante de ambos sexos.

Gerardo Fernández

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