Escribimos este texto como respuesta a la publicación de un autor, Gerardo Fernández, en el blog de nuestr@s compañer@s de CNT Oviedo “Hembristas contra masculinistas: la guerra de sexos del siglo XXI”. El presente escrito tiene una extensión relativamente amplia, que nos ha parecido necesaria, para abarcar las falacias y errores que a menudo se exponen.

Nos gustaría decir que nos sorprende que en un espacio que entendemos que se gestiona por personas con determinados criterios muy claros, se haya publicado un escrito donde se cometen, a nuestro ver, unas confusiones generalizadas. Sin embargo, lo cierto es que hoy día está muy presente cierta propaganda que llega con mucha facilidad no solo a quienes asumen la ideología hegemónica de nuestro presente sino incluso a las personas de los movimientos sociales. Nuestro ánimo, más que criticar o atacar el escrito, es analizar algunas de las argumentaciones así como el fondo que promueve el éxito de esa propaganda que, a nuestro juicio, es la necesaria reacción del machismo en nuestros tiempos, que no quiere perder su posición social. Y con machismo, no hablamos solamente de instituciones, personas concretas, determinadas actitudes o hechos, sino también, y ante todo, a una mentalidad omnipresente en nuestras vidas, tanto a un nivel individual como social, que afecta en nuestras acciones, decisiones y determinaciones. De ahí la importancia de abordar esta problemática, porque dependiendo de nuestra posición y capacidad para afrontarla, derivará las posibilidades de superar una de las más persistentes, longevas y eficaces formas de dominio.

 

Del masculinismo y del hembrismo

 

Respecto al artículo del blog, quizás sea preciso hablar del feminismo institucional. Debemos dejar claro que cualquier anarquista y cenetista está en contra de las instituciones estatales, y por ello no creemos en la vía institucional para conseguir el fin de la opresión de las mujeres y del patriarcado. Asimismo, ejercer desde el poder políticas feministas pueden ser contraproducente, y no faltan ejemplos de que así ha sido. Sin embargo, el artículo confunde continuamente “hembrismo” con feminismo institucional, y no contento con ello, también con el feminismo en general. El anarcofeminismo ni siquiera es mencionado.

 

Se habla, en cambio, de “masculinismo”, y da la sensación que se comprende más esta corriente, pues al menos no se tergiversa lo que pretenden decir, mientras que el feminismo no es más que una caricatura. Al respecto, podemos leer lo siguiente: “Para el masculinismo la violencia en la pareja se ejerce en las dos direcciones aunque el número de mujeres muertas es mayor que el de hombres; para ello se basan en los numerosos estudios sobre el tema que figuran en la página escorrecto.org.” Notar cómo se incide con términos como “numerosos estudios”. La pregunta es ¿qué es lo que corroboran dichos estudios? ¿que la violencia la ejercen los dos, lo cual es bastante discutible? ¿o que los estudios confirman que mueren más mujeres que hombres? En cualquier caso, ni nos molestemos en mencionar que quizás existen estudios en el otro sentido que afirman lo contrario. ¿Por qué no ha dicho que el feminismo también se apoya en estudios?

 

Presenta su definición de feminismo hembrista: “Para el feminismo hembrista el hombre es un opresor según la teoría del patriarcado y ejerce la violencia sobre las mujeres de forma estructural.” ¿Acaso el feminismo y el anarcofeminismo han disentido en esto? Las mujeres están estructural y socialmente dominadas, para ello se pueden consultar estudios académicos, o las cifras de las medias de los salarios de l@s trabajador@s. ¿Se va a tener el descaro de negarlo? Es indudable que el artículo toma partido por lo que llama “masculinismo” y el feminismo queda silenciado bajo lo que el autor llama “hembrismo”, inexistente, pero oportuno para justificar sus ataques contra la lucha por la liberación de las mujeres.

 

Estamos de acuerdo en el rechazo de las discriminaciones de cualquier tipo y que el feminismo es cosa de hombres y mujeres, tal como ha sido siempre. Pero no se puede aceptar que el feminismo ha sido la causa de la discriminación de las mujeres y hombres, esto pasa desde hace milenios, y el movimiento feminista apenas tiene 200 años. El feminismo no es una lucha exclusiva, sino inclusiva, puede complementarse con la lucha contra las cárceles, por el ecologismo, por el anti-militarismo y por supuesto, y necesariamente, con el anarcosindicalismo. El anarquismo es feminista, o no es anarquismo.

 

Feminismo institucional y la ley de violencia de género

 

Vayamos por parte: se habla de una fuerte presencia del feminismo institucional. Para ello, se usa el manido argumento que utilizan una serie de hombres resentidos que han perdido en un juicio contra su pareja: la ley de la violencia de género es abusiva y autoritaria contra los hombres. Podemos escribir muchas cosas al respecto, pero lo que más llama la atención es que no se cita ni un solo artículo de la ley que muestre ese hembrismo y feminazismo que supuestamente contiene. La verdad es que tal ley no es muy feminista, cualquiera que lo lea puede ver que desde la perspectiva feminista es bastante moderada. En ningún momento se dice que solo las mujeres son víctimas de género, tampoco dice que pueden agredir impunemente a un hombre; no se dice que la custodia de l@s hij@s van a la mujeres siempre; de hecho también se menciona la protección de l@s menores, y en contra de lo que se pueda pensar por culpa de la propaganda “masculinizante”, se incluyen a los hijos varones también en esta protección (Art. 1.2). En su artículo 6 se habla expresamente del fomento de la igualdad entre hombres y mujeres, no estableciendo ninguna supremacía. El 42 habla de programas de ayudas a los agresores a fin de lograr su rehabilitación. Curiosamente, no hay ningún artículo que se refiera a una preferencia de las mujeres en la custodia, como repetidamente se ha afirmado por los “masculinistas”.

 

La ley, simplemente, reconoce algo que no puede negarse, y es la realidad de una sociedad históricamente patriarcal y machista, donde el hombre está en ventaja y en una posición social de superioridad. Esta situación ha generado injusticias y desigualdades, que se quieren superar socialmente, y que el movimiento feminista consiguió relativamente con ciertos logros y reconocimientos, hasta tal punto que el Estado lo tuvo que asumir y reconocer, siempre en parte, como tuvo que aceptar otras conquistas: educación pública, las ocho horas laborales, pensiones… De ningún modo se tratan de logros que se haya venido gratis del cielo: hay una historia detrás que ha permitido que sea así. Del mismo modo, la CNT, que plantea conflictos laborales, ciertamente recurre a sus propios medios y a la acción sindical con huelgas, boicot, concentraciones y lo que sea oportuno, pero también es cierto que recurre a recursos legales tales como denunciar a empresas que están abusando de sus obrer@s. Del mismo modo no faltan compañer@s que denuncian las agresiones y violencias nazis o xenófobas. ¿Todo eso es institucional? ¿Es malo? Si nos exigieran condiciones y situaciones en contradicción con nuestros principios, puede que sí. Pero el caso es que son instrumentos potenciales que mientras no nos condicionen pueden ser aceptable para intentar solucionar conflictos concretos, sin renunciar a otras vías.

 

La existencia de leyes que eviten la violencia de género es algo positivo y preferible, especialmente si quienes hablan de feminazismo solo se esfuerzan por invisibilizar la problemática de la mujer y la realidad de una opresión con características muy concretas. El reconocimiento institucional no presupone automáticamente que sea rechazable, ni siquiera para un anarquista. Si se reconoce que siendo detenid@ tienes derecho a no declarar en comisaría, ¿se va a declarar solamente para llevar la contraria a una ley o constitución? Ciertamente, lo preferible es el comunismo anarquista, pero mientras vivamos en una sociedad como la que vivimos hoy y de la que somos parte, no podemos inhibirnos de los problemas actuales ni actuar sin tener en cuenta las circunstancias que nos rodean. Una ley que reconozca la realidad y especificad de la violencia de género no puede ser algo negativo en estos momentos, y ello no impide que aspiramos por una sociedad que no requiera leyes. En cambio si se entendería la necesidad de conquistar más justicia, más libertad y más derechos, por las vías que puedan servir para ello. Porque de esto se trata: el feminismo no recurre a una sola vía, recurre a lo que sea necesario para superar el machismo y patriarcado imperante, y poner fin a la opresión contra las mujeres.

 

Violencia de género

 

No creemos que el autor del artículo se atreva a afirmar que cualquier tipo de violencia es la misma: está la defensa propia, la guerra, la explotación, el sabotaje, la revolución… No es lo mismo agredir a alguien para obligarle a hacer algo, que golpear a otro que te va a tirar de un barranco; tampoco es lo mismo que te muerda un animal a que te ataque una persona; no es lo mismo una guerra patriotera que una insurrección popular y libertaria. Hay violencia xenófoba, que se hace contra alguien que es de diferente “raza” del agresor que interpreta un concepto determinado al respecto; hay violencia homófoba que se ejerce específicamente por una muy determinada opción sexual de alguien; y del mismo modo existe una violencia de género, que se refiere al espíritu aprendido de que los hombres controlan a las pasivas mujeres y que estas deben estar sometidas, y si no lo hacen, se justifica el empleo de la violencia contra ellas a fin de forzar su voluntad y personalidad. La violencia policial, que nos parece deplorable, no se puede negar que tiene unas características propias que no tiene la violencia machista. Estas problemáticas, todas ellas, deben ser visibilizadas, y recurrir a simplificaciones de “igualitarismo” total conduce a la desigualdad total, porque para solucionar un problema, antes debe tratarse, y para tratarse debe reconocerse, y para ello es imprescindible que esté claramente visibilizado y reconocido como problemática. Cuando el artículo denuncia que se penaliza más al varón que a la mujer no debe olvidar que una agresión común producida durante una borrachera no es lo mismo que una violencia tan social como es la que se ejerce contra la mujer por ser mujer. ¿L@s anarquistas somos privilegiad@s porque la Constitución reconoce las agresiones por odio ideológico, que son más graves y con condenas más altas que una agresión por robo? Si se habla de la dominación de la mujer, es natural que si se quiere frenar esta opresión específica por medio de la legislación, tenga un tratamiento distinto, y si es más grave, será porque se ha pensado que la violencia de género es más grave que un robo con agresión.

 

El artículo contiene frases completamente erróneas o falaces: “Por su parte el hembrismo habría conseguido aprobar leyes de violencia de género sin que el número de muertes de mujeres se redujera, por ejemplo, en España” Es decir, que la violencia, agresiones y muerte de mujeres por ser mujeres que ejercen su rol en el patriarcado no es una problemática que necesitase medidas para solucionarlo. Si la ley ha tenido éxito o no, es otra cuestión. Ahora bien, sería ingenuo creer que las leyes serán suficientes para sepultar el machismo: solamente la determinación de la sociedad en su conjunto puede frenarlo. La pregunta es: ¿este artículo ayuda al respecto?

 

Otras falacias: “generando denuncias falsas” ¿Acaso la ley contra la violencia de género es la única que recoge denuncias falsas? ¿Acaso personas anarquistas nunca han realizado, en alguna ocasión, una denuncia falsa o exagerada contra elementos nazis? ¿Nunca, nunca? La exageración y las denuncias falsas son consecuencia del modo del sistema jurídico predominante en el mundo. Los juicios no son lugares donde objetivamente se conoce los hechos reales y se realiza una sentencia justa al respecto. Los juicios son celebraciones donde hay dos bandos “jugando” a ver quien gana en un contexto donde todas las partes se avasallan, exageran y usan de tretas. Quien quiera ir de honrad@ puede dar por segur@ cuál será su sentencia, y eso ya lo sabemos más de un@ por aquí. Que la gente, y entre ell@s algunas mujeres, recurran a exageraciones y hasta falsedades, no es por culpa de ninguna ley feminista, sino consecuencia de la legislación en general que se nos impone, queramos o no.

 

¡Heteronormativos a las leonas!

 

El artículo llega a afirmar la horrible persecución contra los hombres heterosexuales: “los medios de comunicación de masas se está generando un clima de criminalización hacia los hombres heterosexuales por el hecho de serlo” Es salir a la calle y notar ese clima de criminalización y de miedo que sienten los hombres, que no tardan en refugiarse por las calles cuando ven una fémina mientras no le dicen algo “bonito” y se van luego a unas fiestas a no acosar a novias estadounidenses. ¿Que a veces se tocan a los hombres? Eso no niega el machismo, al contrario, lo confirma: si un hombre no se siente en peligro, es porque se siente seguro, porque conoce las características de la sociedad actual. Una mujer tiene miedo, y tristemente, a menudo con razón. Las lamentaciones y sangres vienen después. Nos parece grosero que mientras se invisibiliza los sufrimientos casi universales de todas las mujeres por el machismo, se visibilice en cambio una persecución contra los hombres que simplemente no es real ni cierta.

 

Más falacias relativas al drama de los varones: “el suicidio es mucho mayor en hombres que en mujeres, la mortalidad por accidentes es mucho mayor entre los hombres, que suelen ocupar trabajos más peligrosos, la esperanza de vida de los hombres es varios años menor” ¿Acaso el feminismo es causa de todo ello? Se nos antoja que más bien el patriarcado. No cabe duda que el hombre también es víctima del machismo, pero tampoco está en la misma situación que la mujer, mucho más grave. Nos vamos a ahorrar rebatir algunos de los datos, pero pondremos un solo ejemplo para dejar claro que no es por faltar argumentos: los accidentes domésticos, muertes en incendio en casa producidos por un fuego en la cocina, no aparecen en las estadísticas de accidentes de trabajo. Cuando hablamos de las cosas, especialmente las estadísticas, debemos tener presentes que éstas están a menudo determinadas por la perspectiva o función que se le ha dado originalmente, que suelen estar incompletas o limitadas, y que por tanto pueden ser descontextualizadas, como ha sido el caso, si se utiliza de esa forma falaz que ha usado nuestro autor.

 

Pero la mejor de todas es cuando se habla del “Arte de Marte”: “Además, las guerras siguen matando a más hombres que a mujeres” De esto se puede decir muchas cosas, pero vamos a recomendar la lectura de artículos como La violación como arma de guerra y su persecución como crimen internacional de Alicia Gil. Vamos a aventurarnos a afirmar que es bastante probable que en las guerras se violen a más mujeres que hombres. Pero negar la gran envergadura de la mortandad de las mujeres (aún sin ser combatientes, condición que debe tenerse también en cuenta) en los conflictos bélicos es, simplemente, una ignorancia insultante. La misma falacia se podría usar ante l@s pobres patrioter@s que mueren en mayor número en la guerras que l@s malvad@s anti-militaristas. Si el autor no ve la falacia, no se nos ocurre qué puede entender como tal, salvo que entienda simplemente como toda aquella opinión que no le satisfaga. El resto de ejemplos que usa el autor, tales como las “mujeres primero”, son consecuencia también del machismo, que considera a las féminas como inferiores; no llegamos a entender cómo el autor puede interpretar que se trata de un efecto del malvado feminismo hembrista. Del dato “Un hecho cierto es que en las cárceles más del 90% son varones” solo podemos extraer que los delitos son un producto social, originado por un patriarcado que determina que los hombres son quienes monopolizan la vida social, estando las mujeres encerradas en sus casas, como depositarias de la moral privada de la familia. Quizás también nos pueda indicar que hoy día y por causa de la forma de sociedad, los hombres son más violentos que las mujeres, por lo que es absurdo un tratamiento igualitario al respecto, pero naturalmente, solo se aplica en los casos que se dan por motivo de género, es decir, porque la mujer no se somete al hombre por ser mujer. Que un hombre asesine a su pareja con el fin de heredar una gran herencia familiar no es, ni mucho menos, un caso de violencia de género, y así lo reconoce la actual ley; se trata de un delito, de una violencia, de móvil económico. Cualquier violencia no es de género, como es obvio.

 

El feminismo y la emancipación no son anécdotas

 

Sería fundamental, para aclarar las confusiones que producen estos discursos falaces y retrógrados, saber distinguir entre problemas de actitud que pueden tener militantes y personas, tanto en el movimiento feminista, anarquista, o cualquiera que pueda darse, con los problemas que pueda generar los principios, características o esencia de un “-ismo”.

 

No será difícil encontrar alguna situación inaceptable de un anarquista o feminista, pero eso no quiere decir que esa situación sea propia del feminismo o del anarquismo. Unos principios con incidencia social en las personas supone necesariamente que se interprete y practique en la visión propia de cada individuo, pero siempre circunstancial, de personas reales. Pero eso no supone su asimilación con el movimiento social que se define por su denominación y los conceptos que la caracterizan, su sistemas de ideas. Todo esto lo decimos para ahorrarnos las menciones de prensa rosa/amarilla/historiasdebares que hablan, en tonos morbosos y hasta vengativos, de las absurdas y abusivas injusticias que pudiera hacer alguna feminista. Multitud de anécdotas que surgen en cualquier movimiento social (anti-fascismo, anti-racismo, pacifismo…) por las características propias no ya del ser humano, sino de la complejidad propia de una realidad determinada por situaciones, acontecimientos y la personalidad de cada individuo del mundo.

 

En consecuencia de lo mencionado, están las conocidas denominaciones de “feminazismo”, cuyos orígenes están en las acusaciones a la defensiva que realizaban personas que no querían asumir ciertas razones, contra toda feminista que hubiese manifestado una crítica, con razón o sin ella, con educación y respeto o lo contrario. Pero la falta de razón, de educación o de respeto no determina la racionalidad o conveniencia de una ideología o de un movimiento. Si un anti-racista es mala persona, o protagoniza un episodio desagradable, ¿supone que el racismo es verdadero y justo? Entonces, ¿por qué tanto ímpetu contra el feminismo, cuya virulencia llega a cegar la razón y la percepción de la realidad, y se toma en serio términos como feminazismo?

 

La palabra “feminazismo” es simplemente un insulto, que algunas feministas asumieron en un tono jocoso y provocador, pero no se corresponde a una determinada corriente del feminismo, cuya diversidad y pluralidad está fuera de toda duda, pero no llega a estos extremos que se describen con el grito al cielo a conveniencia de unos opositores que se creen más capacitados para definir un movimiento que quienes lo asumen y llevan años de experiencia.

 

Existe una segunda denominación, quizás más correcta con lo que se refiere, que es la de “hembrismo”, para distinguir teóricamente el feminismo (como movimiento que surge en un contexto del patriarcado y que busca combatirlo para conseguir la igualdad de las mujeres respecto a los hombres), frente a una teórica postura de afirmación de la supremacía femenina. Como denominación de una palabra para el diccionario, podemos llegar a aceptarlo, pero no podemos comprender que compañer@s lleguen a preocuparse y tomar en serio un hipotético hembrismo, que de existir, no debe ir más allá de anécdotas y episodios más o menos llamativos, frente a una cruda realidad que vemos en el trabajo asalariado, en las calles (y fiestas), las salas de ocio y en general con todos los ámbitos existentes del día a día. Hablar de hembrismo ante tantas violaciones, asesinatos por motivos de género, acosos, y la continuidad de la mentalidad de controlar a la mujer, nos parece un tremendo ejercicio de frivolidad y cinismo por parte de personas que no parecen comprender la realidad que les rodea.

 

Tampoco podemos evitar sentir que resulta ser también una posición cómoda y facilona, carente de un esfuerzo y rigor en el contraste de posturas, argumentos y experiencias. Postura también conveniente para más de uno, e incluso de algunas unas. En definitiva, la palabra hembrismo se usa hoy como descalificación, y procurar confundir la racionalidad de una argumentación del feminismo como autoritario y unilateral, cuando se trata en la mayor parte de simples palabras que no pueden hacer más efecto que el de convencer o reflexionar. El hembrismo no existe, y su tratamiento como problemática real para los movimientos y luchas sociales son un desprecio hacia los verdaderos esfuerzos que se hacen para combatir realidades tangibles, y no el sentir especulativo que se transmite por bares y despechos.

 

Final

 

Podríamos continuar contestando otros ejemplos, pero creemos que lo dicho ha sido esclarecedor en el fondo de la cuestión y que no se puede aceptar los puntos elementales del artículo de Gerardo Fernández. La crítica, especialmente la escrita y no la que se limita a un bar, debe realizarse bajo un esfuerzo real y una reflexión sobre todo lo que se dice, a fin de llegar a un conocimiento cierto, sin éxito o con él, pero con la evidencia de haberse realizado bajo un esfuerzo analítico real, sincero y justo.

 

No podemos dejar de considerar, en consecuencia, lo que deben pensar las personas que hemos descrito, y lo que ell@s deben pensar de nosotr@s, o de la gente que se siente parte del movimiento feminista en general o que comparte sus posturas. No cabe duda que ell@s se consideran ser l@s verdaderamente coherentes, que exigen una igualdad plena y total de la mujer y del hombre, frente a un feminismo institucional que ejerce el poder para oprimir al varón por determinados intereses, o bien venganzas de sexos por el pasado histórico. Naturalmente alguien puede echarse a reír ante este cuadro, pero no por ello deja de ser una percepción real de algunas personas, y que esta percepción está presente en aquell@s que usan las acusaciones de “feminazismo” y derivados semejantes. Asimismo, ell@s tampoco son seres malvados y egoístas que quieren ver a la mujer o a la feminista debajo de sus botas con pinchos. Las simplificaciones son cómodas y podemos caer en ellas con una inesperada facilidad. Lo que no entendemos es que un sindicato haya dado cabida a unas visiones e interpretaciones que deberían estar ya asumidas, un escrito que desvía los verdaderos problemas actuales hacia una percepción subjetiva que no es socialmente una problemática, tal como es esa afirmación que habla de una supuesta dominación supremacista femenina. Por ello, es evidente que es muy necesario debatir públicamente en la CNT sobre el feminismo, a fin de fomentar el esfuerzo y la complejidad que se desprende de toda realidad, y de la que nosotr@s mism@s, desde Granada, también estamos limitados y seguramente con carencias. Reconocer esas posibilidades no es malo: nos hace más crític@s y con ello más preocupad@s y esforzad@s, independientemente si es verdad o justo algo.

 

No esperamos una rectificación ni una lapidación de nadie ni de nada; sí quisiéramos la reflexión y consideración de nuestras palabras en lo que puedan ayudar al esclarecimiento de esta problemática, como es la de un machismo que toma nuevas formas y discursos en las que podemos caer perfectamente no solamente nosotr@s, sino entre la clase trabajadora y la población en general, por sus razonamientos facilones pero miopes, llena de confusiones e incompresiones. Hoy el machismo es hegemónico, y solo los hechos en el día a día puede revertir esta situación. ¿El mencionado artículo ayuda a eso?…

CNT-AIT Granada

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