(Aclaraciones sobre el artículo titulado Hembristas contra masculinistas: la guerra de sexos del siglo XXI)

Oscar Wilde se preguntaba: “¿De qué le sirve a un hombre viajar a sesenta millas por hora? ¿Acaso eso le hace mejor? Porque un tonto pueda comprar un billete de tren y viajar a sesenta millas por hora, ¿es menos tonto?” Muchos años después, en plena era de las nuevas tecnologías de la información, se puede constatar la inutilidad de esos artefactos para aumentar la reflexión y el análisis de la sociedad. Un poco de parsimonia siempre es buena; no vamos a apagar un incendio.
No creo que Marilyn French usara la expresión “guerra de sexos” en sentido literal, yo, desde luego, no lo hago, podría haber puesto “enfrentamiento de sexos”. Esto para Fernando Ventura, que escribe habitualmente, debería ser obvio. No es fácil para el Estado romper las diversas relaciones afectivas entre hombres y mujeres. Tal vez por eso no logran que la preocupación por la llamada “violencia de género” cale en la sociedad. Las encuestas del CIS de septiembre de 2015 sobre lo que preocupa a la sociedad española dan un 0,2% para esta violencia como primera opción, mientras al paro le dan un 50% entre más de treinta opciones posibles. Y esto después de un bombardeo mediático y de concentraciones estatales de los políticos de turno en cada uno de los aproximadamente 60 casos anuales de asesinatos  de mujeres por sus parejas o ex-parejas desde hace muchos años.
Marilyn French era una feminista norteamericana que de uno de sus libros (“Sólo para mujeres”) editado en 1977 vendió más de 20 millones de ejemplares y fue traducido a numerosos idiomas. Tuvo una influencia importante en el feminismo radical junto con Andrea Dworkin, Catharine MacKinnon y otras. En el citado libro el personaje llamado Val, una feminista, afirma que “todos los hombres son violadores y eso es lo único que son. Nos violan con los ojos, con sus leyes y sus códigos” (pág.691). En la página siguiente insiste en que son un hatajo de violadores y que “¡Todos los hombres son el enemigo!”. Recientemente, IU distribuía por Twitter consejos a los hombres para que no violaran a las mujeres.

El feminismo se encuentra muy dividido en diversas tendencias

En el artículo menciono al “feminismo supremacista” o “hembrismo”, también al “feminismo de Estado” y al “feminismo socialdemócrata”, dependiendo de lo que trato de explicar. Con los feminismos que promueven la igualdad seguramente coincidiría en sus planteamientos. Pero parte del feminismo ya no aspira a la igualdad, sino a la paridad. Amelia Valcárcel lo expone claramente en “Feminismo en el mundo global” página 13: “El feminismo, probablemente uno de los mayores portadores de innovación social y moral, nos conduce ahora de la supervivencia a la paridad. Estamos en su “tercera ola”.”. Esa estrategia cuenta con el apoyo de la ONU y de las Conferencias Mundiales de la Mujer de esa institución y buscaría la participación similar en las posiciones de poder y en la toma de decisiones en todos los ámbitos de la vida (políticos, sociales, económicos). El escrito de la CNT de Granada afirma que “El anarquismo es feminista, o no es anarquismo”. El término feminista abarca significados incompatibles con el anarquismo. Hay muchos feminismos, entre ellos el anarcofeminismo. Por eso uso las expresiones que uso.
F. Ventura afirma que “las feministas en muchos casos han protestado también contra la guerra” y menciona la Semana Trágica de Barcelona de 1909. En ese año no había en España ninguna organización feminista. La primera organización feminista se crea en 1918. Luego, irían surgiendo otras incluso durante la Dictadura de Primo de Rivera cuando se perseguía a la CNT. Por supuesto, en la Semana Trágica participaron mujeres y hombres. Hubo cinco hombres reos de muerte. Es conveniente tener en cuenta la integración de las feministas italianas en el Partido Fascista donde lograron obtener el derecho al sufragio femenino aunque no tuvieron oportunidad de ejercerlo por suprimir Mussolini los comicios electorales. También la vinculación de E. Pankhurst y su hija Christabel, notorias sufragistas británicas a la Orden de la Pluma Blanca para avergonzar a los soldados que no querían ir a la Primera Guerra Mundial enviándoles una pluma blanca, signo de cobardía; en colaboración con un almirante. La feminista Pauline Nyiramasuhuko fue condenada a cadena perpetua en 2011 por planificar la matanza de Ruanda de l994 y ordenar la violación de miles de mujeres. Era ministra de la Mujer y la Familia, antes trabajaba de asistente social y daba conferencias sobre los derechos de la mujer. Así pues, dotar al feminismo de una historia pacifista y antifascista no va a ser tan fácil, sin minusvalorar a las mujeres que tomaron la valiente opción pacifista y/o antifascista, entre las que no estaría una figura del feminismo como Simone de Beauvoir.

La feminista francesa Elisabeth Badinter publicó en 2004 un libro titulado “Por mal camino” relativo al rumbo equivocado que había tomado el feminismo desde finales de los ochenta. Para E. Badinter, el feminismo va a la deriva. Las mujeres, según ese feminismo, serían constantemente víctimas de los hombres y como tales siempre tienen razón. De este modo, atraen la simpatía y la commiseración y justifican todo tipo de leyes protectoras. Ese feminismo pondría en cuestión a la otra parte de la humanidad -“todos los hombres son unos cabrones”. Para E. Badinter habría que avanzar en la igualdad entre los sexos sin amenazar las relaciones entre hombres y mujeres. Afirma que el objetivo de algunas feministas no es éste, sino el contrario. Denuncia la tendencia de las esas feministas a erigirse en censoras. Mientras “en 1970, las chicas luchaban por “gozar sin trabas””. En el año 2000, las asociaciones feministas militan por una “sexualidad sana y gozosa”, que supone nuevas prohibiciones, un modelo de sexualidad “decente” que niega las peculiaridades masculinas y al que los hombres deberían someterse. En nombre de la “dignidad femenina”, habría que castigar la prostitución, la pornografía e incluso los avances sexuales no deseados, etc. Se razona por analogía. Se dice “la violación es un atentado a la integridad”. Si se considera que ver una imagen pornográfica es un atentado a la integridad, entonces hay que concluir que es una especie de violación. Todo lo que es violencia simple se reconduce a lo peor: la violación, de la que las feministas dicen que es más grave que un asesinato. En España se anunció en mayo una orgía de sexo y alcohol en Salou y Yolanda Besteiro de Mujeres Progresistas declaró que “Es lamentable que para poder difundir y atraer a una fiesta, lo que hagan es denigrar la imagen de las mujeres, utilizarlas como un mero reclamo sexual”. En cierto modo, a algunos nos recuerda el puritanismo católico de los años 80, en versión laica. Además Badinter rechaza la paridad y considera que el hombre no es el enemigo a batir, título éste de la entrevista publicada en la Biblioweb de Sindominio.

En Estados Unidos, Christina H. Sommers, en una entrevista que aparece en elmundo.es del 17 de septiembre de 2016 afirma que “La tercera ola del feminismo se construye con mentiras.” La filósofa dice tener como objetivo devolver la cordura al feminismo. Declara que “Siempre ha habido cierta fobia a los hombres en algunas mujeres del movimiento, eso es innegable. Pero eran marginales. Pero hoy, al menos en las universidades, están siendo las protagonistas del debate. La masculinidad se trata de manera rutinaria como una patología que necesita una cura. Casi todos los libros de los estudios de género culpan de la mayoría de los males de la sociedad a los hombres y al patriarcado.” Como E. Badinter insiste en que la causa noble de la emancipación de las mujeres se transformó en victimismo. De la desigualdad salarial dice que: “Sí, las mujeres ganan menos que los hombres pero es porque estudian distintas carreras, trabajan en distintos campos y menos horas. Cuando controlas todos estos factores, la diferencia casi desaparece. Pero eso no se dice en los libros de los estudios de género”.
Camille Paglia, feminista estadounidense y lesbiana, opina que “El tiempo de la hostilidad hacia los hombres ha pasado. Hubo ese momento. Yo era parte de él. He golpeado hombres, pateado hombres, los he golpeado en la cabeza con sombrillas. ¿De acuerdo? Soy una directa confrontadora de los hombres. Como lesbiana abierta, he sido… ya sabes, expreso mi enojo a los hombres directamente. No voy a un grupo a quejarme de los hombres. Así que, curiosamente, le doy los hombres un descanso y reconozco la grandeza del hombre, ya sabes, logros y demás. Lo que tenemos que hacer ahora es superar esa ira hacia los hombres, de acuerdo, y tenemos juntar de nuevo a los sexos. La reconciliación entre los sexos es la primera orden del día”.

En resumen, el feminismo no es un movimiento homogéneo sino diverso. Aunque se lo considere un movimiento que busca obtener para las mujeres los mismos derechos que para los hombres, no por ello deja de ser un movimiento interclasista y no revolucionario que no cuestiona ni la explotación ni la dominación en sí mismas.

Violencia en las parejas y legislación de género

Beatriz Gimeno, feminista de Podemos, acepta en un artículo sobre la violencia machista que aparece en pikaramagazine.com de septiembre de 2016 que en España hay menos asesinatos de mujeres que en países nórdicos y menos violaciones. Admite que España tiene uno de los índices más bajos de Europa de asesinatos de mujeres por sus parejas o ex-parejas y, también, que el castigo en estos asesinatos no es disuasorio. Asimismo, reconoce la incapacidad para acabar con lo que llama asesinatos machistas. Por su parte, Fernando Ventura aporta las cifras de hombres asesinados por su pareja o ex-pareja, éstas más bajas, por supuesto, aunque discutibles porque hay mujeres que encargan el asesinato a un intermediario. Que la violencia es bidireccional se refiere a que se suele distinguir en los estudios de violencia en las parejas entre actos de violencia física, de violencia psicológica y de violencia sexual: en cada tipo de violencia se consideran diferentes hechos de distinta gravedad. Con leer alguno de los numerosos estudios sobre el tema ya se hubiera enterado F. Ventura de que la propaganda sobre este asunto que aparece en los medios de comunicación de masas se aleja de la media de los estudios sobre violencia en la paraeja. Todo ello contando con todos los partidos políticos y abundantes recursos económicos y legislativos. Lo más probable es que la cifra de mujeres asesinadas por violencia machista sea inferior debido a que,soprendentemente, no aparece ningún caso debido a trastorno psíquico. Parece que los maltratadores gozan de una salud mental envidiable. Además hay algún caso de anciana gravemente enferma asesinada por su marido habiéndose éste suicidado después que apunta a un asesinato por compasión.
En cualquier caso, como menciona Beatriz Gimeno en el artículo citado “En pocos países del mundo la violencia machista figura en la agenda política, aparece en las noticias y genera tanto rechazo social como en éste”. Tanto es así que un artículo de la página alasbarricadas.org cuyo autor es Acrastosaurio rex, proponía que “en nuestras organizaciones, un cartel debería estar puesto en un lugar prominente: “respeta a la mujer o vete, cabrón”. Un local sindical, colectivo, social, no es un lugar para andar de caza, y si alguna mujer denunciara un comportamiento abusivo en ese ámbito alternativo, ahí no debería haber ni presunción de inocencia, ni búsqueda de pruebas, ni intentos de hacer justicia, ni comisiones investigadoras, ni ponencias, ni plenos, ni cursillos de igualdad ni hostias en vinagre. Porque para hacer justicia ya están los tribunales, y ya veis cómo funcionan. Una denuncia de una mujer en nuestros ámbitos, por protocolo, tiene que tener presunción de veracidad, y de entrada, proteger a la damnificada, coger al denunciado, y sin mayores ceremonias, ponerle en la puerta pidiéndole que se vaya a cualquier parte, aunque sea la peor injusticia desde la muerte de Espartaco. Seguramente algunos hombres tendrían que cambiar de conducta. Probablemente perderíamos algunos varones decisivos y muy importantes…”. Es decir que cualquier mujer tendría una presunción de veracidad de la que no goza la Policía en todos los casos. Una mujer que ya no sería humana sino un ángel, alguien sobrehumano, puesto que no va a mentir y carece de malicia alguna.
En realidad, en el Centro Social La Madreña de Oviedo aprobaron una norma de ese tipo y parece que no es un caso único. Hicieron de las mujeres una raza superior de tanto protegerla.  El disparate de la presunción de veracidad dice mucho de lo que tenemos hoy en el movimiento libertario y en determinado tipo de izquierda.
Si para cada problema social creamos un aparato estatal como en el caso de llamada violencia de género, la sociedad colapsaría. No se puede esperar todo de un órgano público. Un humorista asturiano proponía como medio para acabar con el paro meter a la mitad de la población activa a policía de la otra mitad. La Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género de 2004 ha creado una Delegación Especial del Gobierno, un Observatorio Especial y un Fiscal contra la Violencia sobre la Mujer y Juzgados de Violencia sobre la Mujer en cada partido judicial. Ha reformado el Código Penal agravando las penas para los hombres en casos de lesiones, malos tratos, amenazas, coacciones y vejaciones leves (art. 33-41) de tal modo que por el mismo hecho penal la sanción va a ser más leve para la mujer. Esto es discriminatorio, y si no se entiende así, imaginemos por un momento que fuera a la inversa.

Con la teoría del patriarcado llegó la confusión

El concepto de patriarcado viene de la Antropología y es incorporado a las teorías feministas en los años 70 por feministas radicales norteamericanas como Kate Millet que también propagó el lema de que “lo personal es político”. Hay diferentes definiciones sobre lo que es el patriarcado. Sería un sistema de opresión de los hombres sobre las mujeres establecido desde siempre, o desde hace al menos 2000 años, previo a la explotación capitalista. Entonces lo que tendríamos sería una clase oprimida, las mujeres y una clase opresora, los hombres. Lidia Falcón, fundadora del Partido Feminista, integrado ahora en Izquierda Unida, consideraba a las mujeres como una clase social explotada por los hombres: padres, marido, hermanos… Al aplicar la teoría del patriarcado a la realidad social situaríamos a una empleada de hogar y a la presidenta del Círculo de Empresarios en la misma clase oprimida. La teoría de las dos clases sociales según el papel en el sistema económico y la teoría del patriarcado parecen excluyentes. Los relatos de lo que pasa en la sociedad basados en que los hombres hacen esto y las mujeres aquello otro pasan por alto que las clases poderosas no excluían a las mujeres de sus familias de los beneficios de su situación de dominio. Rosa Luxemburgo calificaba acertadamente a las mujeres burguesas como “parásitas del parásito social”. Ahora algunas mujeres con altos cargos en el aparato de Estado o en la empresa privada son directamente parásitas sociales, independientes y empoderadas. Quien considere útil la teoría del patriarcado como teoría revolucionaria tendrá que explicar cómo encaja la teoría de las dos clases que a otros nos parece más adecuada desde un punto de vista anarquista o anarcosindicalista.
Desde enfoques patriarcales se alega que los hombres tenemos privilegios desde que nacemos aunque seamos de clase trabajadora. En España en la actualidad esas ventajas para los hombres y desventajas para las mujeres son cada vez más discutibles y, previsiblemente, lo serán cada vez más en el próximo futuro. Sería largo entrar a debatir con F. Ventura los numerosos aspectos que expone brevemente en su escrito.
Dice que las mujeres “dedican el doble de tiempo en general que un hombre a tareas domésticas que un hombre”. Cierto, pero no dice nada de que los hombres dedican más horas al trabajo remunerado. En los datos sobre uso del tiempo de hombres y mujeres que proporciona el Instituto de la Mujer está ese dato que casi nunca se divulga. Sobre trabajos precarios alude a las empleadas de hogar. Tiene toda la razón del mundo, pero de las profesoras de primaria no se puede decir lo mismo. Sobre el número de  desempleadas, en algunos trimestres de los últimos años, por ejemplo, en el tercer trimestre de 2014 había 159.000 hombres en paro que mujeres según la EPA. Sobre homicidios, en España y en casi todos los países del mundo, el número de hombres víctimas es mayor que el de mujeres. También se cosifica a los hombres en la publicidad y se les denigra en ciertos anuncios. No veo tantos privilegios para los hombres de la clase trabajadora, aquí y ahora. Del pasado que no nos tocó vivir no somos responsables, ni las mujeres de hoy son acreedoras por lo que les pasó a las que vivieron antes.

El bien más apreciado debería ser la libertad

En los años 30 del siglo pasado, Rudolf Rocker, anarcosindicalista alemán participó en un debate público contra miembros del partido nazi. Entonces, era normal. Hoy, quien hiciese algo semejante, sería tachado de profascista, marginado y boicoteado por una turba de izquierdistas, antifascistas y anarcosocialdemócratas. J. M. Coetzee en su ensayo contra la censura afirma que la ofensa es el germen de la censura. La facilidad para sentirse ofendidos u ofendidas parece haber crecido en los últimos tiempos. No es extraño que cuando alguien escribe un breve artículo que critica el desprecio, y hasta la criminalización, hacia los hombres -en especial los de la clase trabajadora-, quienes se sienten objeto de la crítica ejerzan las represalias que están a su alcance para silenciar al disidente. Que lo hagan personas con un ADN autoritario y progre es de esperar pero que el contagio llegue a quienes tienen la libertad en sus finalidades, es para tomar medidas. Porque con esa actitud el movimiento libertario seguirá anquilosado y no será capaz de comprender lo que pasa en la sociedad. Creo que fue B. Brecht quien aconsejaba a sus correligionarios hacer una lista con los problemas sociales para los que no tenían solución. Pensaba que eso mejoraría la difusión de sus ideales. Cuando haya que intervenir en asambleas populares como las del 15-M nos encontraremos con todo tipo de planteamientos y más vale que estemos preparados para tener respuestas adecuadas. Pero eso no se logra acallando disidentes, evitando la distribución de determinados libros, boicoteando escritos y reventando debates públicos. Cada cual es responsable de lo que hace. El victimismo no es una estrategia para un movimiento emancipatorio ni para ninguna persona.
Hay quien niega que no se criminalizan a los hombres. Sin embargo, hubo una campaña cuyo lema era “Nos están matando”. Está claro a quienes se refería. Por su parte, Rosa Montero, desde las páginas de El País del 28 de agosto de 2016 en su artículo titulado “Esta maldita sociedad de enfermos” explicaba que “Ciento veinte millones de niñas (un poco más de 1 de cada 10) han sufrido un coito forzado, y 200 millones de niñas y mujeres han sido mutiladas en 30 países, la mayoría antes de los cinco años. Y debo añadir aquí algo muy importante: este NO ES UN PROBLEMA DE MUJERES. Es un asunto que nos atañe a todos, porque sin duda los varones también querrán librarse de esa marca infamante de verdugos y de violadores. “Por lo visto basta con nacer con cromosomas XY en las células para nos atribuyan cualquier atrocidad. No falta quien, como es el caso de Pedro Martín Calvo en Periódico CLM del 6 de septiembre de 2016, en un artículo titulado “Mujer, te pido perdón” se identifica como miembro de la Organización Terrorista Machista y pide perdón por todo clase de crímenes contra las mujeres. Por fortuna, Elvira Lindo pone un poco de cordura en esto del feminismo y en un artículo del 7 de octubre de El País cuyo título es “Coño, esa palabra de moda” escribía: “Pero hay un tipo de feminismo ahora que no llego a entender, que tiende a ver a los hombres como a una masa compacta de hormonas, donde unos individuos no se diferencian de otros. Pareciera que estuvieran infectados por ese mal definido como heteropatriarcado del que no pueden escapar. Los pobres. Es ese tipo de feminismo que gusta hablar en plural siempre y afirma “nos matan”, “nos violan”, como convirtiendo a todas las mujeres en víctimas: tanto a las vivas como a las muertas, a las que han sufrido una violación como a las que se han tenido que enfrentar a un simple patoso. Porque hay patosos, sí, pero lo que hay que predicar es la defensa, no el victimismo”.

Pues eso, el victimismo no es el camino. Y chupar subvenciones estatales, tampoco. Ese feminismo quejica, llorón, en definitiva, infantil, tiene mucho que aprender de las combatientes kurdas que se enfrentan al Estado Islámico.

Gerardo Fernández

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