A propósito de la polémica des-encadenada en torno a un artículo sobre “la guerra de sexos” publicado en el blog de la CNT de Oviedo.

Cuando, en el fondo, no importa tanto sustanciar un asunto suscitado en un artículo de opinión como exorcizar el cuestionamiento de las propias convicciones sobre ese asunto que el artículo pudiera haber provocado, no interesa mucho argumentar para convencer, porque un exorcismo no se realiza con razonamientos sino con imprecaciones. Entonces, lo que se procura es sumar la adhesión de cuantos más convict@s cuestionad@s que puedan reforzar el exorcismo, mejor. Nada más fácil y menos trabajoso para ganarnos la complicidad del lector hacia nuestra exposición que situarnos en su mismo plano halagando la pereza mental, que rehúye la reflexión, a través del manejo de esquemas simplistas y reduccionistas que presentan la realidad como polarizada en conceptos repelentes y excluyentes: o blanco o negro, o demócrata o fascista, o feminista o machista, o feminista-demócrata o masculinista-fascista, o conmigo o contra mí, o el bien o el mal, o el buen@ o el mal@… Hasta que aparece el feo y pone las cartas boca arriba o rompe la baraja. ¡O tod@s o ningun@! Claro que eso está muy feo, que tres son multitud y las multitudes ya se sabe, no hay dios que las controle.

Así que lo funcional, ¡quién lo diría!, es la bipolaridad. Para que funcione el mensaje en este caos referencial de la realidad compleja que nos envuelve hay que servirlo provisto de orejeras que no distraigan a la acémila de su camino hacia la cebada de la verdad simple e incontestable: o Yo o el Caos. O la ortodoxia refrendada por la ciudadanía en las reiteradas consultas en que el Régimen es validado y revalidado en toda su Doxa por La Mayoría -el Régimen Democrático que nos libra del Fascismo, amén- o bien la irresponsable herejía iconoclasta empeñada en derribar la imaginería con que se construye el Imaginario Democrático. Así se manifiesta hoy el puro maniqueísmo en acto: el Bien, la Ciudadanía Mayoritaria, Yo, L@s Mí@s, o por el contrario el Mal, que alcanza a Tod@s L@s Demás que además, en virtud de que cada uno de ellos está contra mí, son Todos Iguales: malos, malos que te cagas.

Desde esa posición maniquea se sostiene que todos mis enemigos son, por eso mismo como cae de cajón, amigos entre sí. Y así, quien cuestiona esta nueva ideología institucional del Feminismo -Uno y Múltiplo- esta nueva careta que ha adoptado El Dominio para seguir ocultando su decrépito y horrible rostro, y no importa la razón del cuestionamiento, se retrata como machista y, consecuentemente, fascista, porque el Feminismo es Democracia, y ya se sabe que Democracia -habla, pueblo, habla- es Libertad sin ira Libertad. Y esta es la bandera -y el cornetín de enganche- el axioma, la máxima, la consigna que hay que defender frente a la crítica heterodoxa, que es estigmatizada con adjetivos descalificativos como pedradas contra el hereje al que los epítetos visten el sambenito identificativo con el que es expuesto a la pública lapidación. Verdaderas Malas Artes a falta de arte, nobleza y tronío. Propias de los Malos Encantadores que le trucaban y trocaban su épica realidad a Quijano, y en ello siguen. Artes Malas -perroneras además de malvadas- no por reduccionismo maniqueo, sino porque a “Malignas” probablemente no alcanzan y, en el presente contexto, “Sucias” sería excesivo.

Para leer el texto completo, ver el documento PDF: El maniqueísmo considerado como una de las Malas Artes

Gelín Meana

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