Para los anarquistas que no votamos reflexionar sobre el triunfo de Trump en USA podría parecer una tarea ociosa. Sin embargo, si las promesas del candidato republicano, la derecha, encontraron más aceptación que las de H. Clinton, la izquierda, será por algo; y ese motivo sí es relevante para nosotros. Parece que el candidato republicano comprendió mejor que su oponente la situación del electorado que vota, que, en USA, no es un porcentaje alto.

José Luis Roig en lainformacion.com opina en un artículo titulado La izquierda intelectual se siente culpable de la victoria de Trump, del 19 de Noviembre de 2016, que después de consultar a sus amigos y familiares que viven en ese país “De repente todos lo tenían claro: Trump tiene el pelo raro pero no tiene un pelo de tonto, y fue el que mejor leyó la realidad social norteamericana, bastante harta del falso buenismo y efectismo del demócrata Obama. Y, sobre todo, y aquí está la clave, muy harta de que los políticos se olvidaran siempre de ellos”. Hillary se habría concentrado en buscar el voto feminista, latino, negro, inmigrante, homosexual, LGTB, olvidando a la mayoritaria clase trabajadora. Mientras tanto, Trump aludía en sus discursos explícitamente a esa clase; un pronunciamiento que la izquierda española ha dejado de hacer hace mucho tiempo, inclinándose por los términos de “clase media” o “ciudadanía”. En el breve pero interesante artículo de opinión, José Luis Roig, se refería al punto de vista de Tom Walker, que comenta la actualidad en una televisión inglesa: “Nosotros, la izquierda, somos los responsables de que Trump esté en la Casa Blanca. Porque hemos decidido que otra visión del mundo es inaceptable. Ya no nos dignamos a debatir porque la izquierda ha ganado la batalla cultural. Si eres de derechas eres malvado, un friki, racista, estúpido, eres como dijo la propia Clinton, deplorable. Hemos conseguido que la gente tenga miedo de expresar su opinión por miedo a las consecuencias. Cuando dicen algo siempre hay alguien de izquierdas que les dice ‘usted no debe decir esto’. Es hora de dejar de prohibir a la gente que exprese sus opiniones. Sentirse ofendido ya no funciona, insultar a la gente ya no funciona, lo único que funciona es aceptar el debate, hablar con la gente que no piensa como tú y persuadirla con tus argumentos. Es tan fácil, pero la izquierda ha perdido la costumbre. Dejad de pensar que la persona que no concuerda con vosotros es un malvado, un sexista, un racista, un estúpido, y convencedle. De lo contrario ya veis lo que conseguís… Trump en la Casa Blanca”. La ceguera de la izquierda estaría detrás de algunas de sus derrotas aunque en otros lugares como Grecia triunfe. La izquierda, izquierda del Sistema, por supuesto, puede desempeñar, en determinadas coyunturas, un papel de contención de las protestas sociales, sería el caso de Grecia con Syriza.

La influencia de la izquierda en el movimiento libertario

La derecha no ha contado ni cuenta en España con simpatías entre la militancia libertaria. Lógico y normal. Su defensa del sistema capitalista y del Estado, de la explotación y de la dominación y la vinculación visible en la historia de la clase dominante a sus postulados hacen que la militancia libertaria no sienta afinidad alguna con la llamada, a veces, “derechona”. Hasta aquí, todo correcto.

Por el contrario, el movimiento libertario en España (y en otros lugares) simpatiza absurdamente con la izquierda, con sus propuestas, análisis y estrategias. Seguramente el origen común en el socialismo del siglo XIX y la influencia de la Ilustración en ese socialismo sin adjetivos tiene mucho que ver. Pero, con la larga experiencia histórica de más de un siglo de duración, el movimiento libertario debería haber desconfiado más de sus propuestas, análisis y estrategias. Allí donde el comunismo autoritario se hizo poderoso los libertarios conocieron la cárcel y poblaron los cementerios. En España destruyeron las colectivizaciones agrarias y boicotearon la viabilidad de las fábricas autogestionadas además de suprimir las libertades básicas a las que siempre fueron alérgicos. “Libertad, ¿para qué?” contestó Lenin cuando le reprocharon la falta de libertades en Rusia. La defensa a ultranza del Estado y la afición al dinero que caracteriza a la izquierda son incompatibles con la supresión del Estado y el rechazo de la codicia, distintivos del anarquismo.

Hay quien en el movimiento libertario cree que compartimos un tramo del mismo camino pero que nosotros vamos más lejos. Pero, en la realidad, el viaje con la izquierda transforma a los libertarios: nos hace adoptar sus análisis, sus propuestas y estrategias. Un ejemplo reciente es la estrategia, propuestas y análisis que desde 2011 ha puesto en práctica la CNT en España. Arrimada a los llamados sindicatos combativos, luego también a partidos de izquierdas, ha terminado asumiendo sus señas de identidad centralistas y ejecutivistas y sufriendo el despilfarro y la estafa por desdeñar el control por las bases de los cargos, extendiéndose la cultura de la delegación. Sólo quedaría externalizar en una empresa de servicios adecuada las decisiones de las asambleas de los sindicatos. No hay empresas de ese tipo hoy, pero no faltaría talento empresarial en cierto sector del anarcosindicalismo español si hubiera una asignación regular para esa función. Pero como no hay mal que por bien no venga, muchos sindicatos de la CNT están siguiendo su propio camino. Al conjunto del movimiento libertario le vendría bien repensar sus propuestas, análisis y estrategia para dejar de ser un apéndice de la izquierda. No tenemos por qué soportar el peso de sus derrotas. Así nunca avanzaremos hacia nuestros objetivos.

Gerardo Fernández

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