Aunque la Inquisición española cesó en su actividad en el siglo XIX, no por ello faltan las vocaciones punitivas y censoras en pleno siglo XXI. Allá por los años 80 y 90 eran los sectores conservadores y católicos quienes protagonizaban las protestas contra la libertad de expresión, por ejemplo, contra alguna obra de Els Joglars. En aquel entonces, la izquierda se colocaba, con más o menos intensidad, del lado de la libre expresión. Pero esto ya no es así. Sectores minoritarios de la derecha siguen tratando de limitar la libre expresión en determinados casos a la vez que la izquierda trata de evitar otros casos. Veamos algunos de ellos:

  • En el concurso de drag queens del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria de este año resultó ganador el drag Sethlas con una representación de la Virgen María que ha provocado la protesta del obispo de Canarias, Francisco Cases, que dice haber llorado y que reclama limitar la libertad de expresión porque se ha ofendido a los católicos. Tal vez se deriven consecuencias judiciales para el artista.
  • La asociación Hazte Oír ha sacado a las calles de varias ciudades un autobús con un mensaje considerado transfóbico por los grupos LGTBI. Dicho mensaje ha sido ya modificado de varios modos, les han multado, varias veces, se les ha anulado una mesa redonda en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y se han producido protestas de grupos de militantes LGTBI delante de esa Facultad. Muchos partidos políticos, de la izquierda y de la derecha, han hecho declaraciones contra el mensaje de Hazte Oír. Por si fuera poco podrían incurrir en un delito de odio según el artículo 510 del Código Penal. La izquierda, dentro de las instituciones del Estado y asociaciones del ámbito LGTBI paraestatales, se han manifestado en este caso contra la libertad de expresión, claramente.
  • Más antiguo es el caso de los titiriteros de “Títeres desde Abajo” que fueron enviados a prisión por su obra “La bruja y don Cristóbal” acusados de “enaltecimiento del terrorismo”. La bruja representa a quien quiere vivir en libertad y cuestiona el orden impuesto sufriendo la represión del Estado. Las personas ofendidas en este caso se situarían en la derecha.
  • Manuel Molares, periodista de El Correo Gallego, fue cesado por escribir un breve artículo titulado “Víctimas de su sexismo” sobre la primera víctima de la llamada violencia de género de este año, asesinada por el típico “malote” con el que convivía a pesar de una orden de alejamiento. Pablo Iglesias, en un tuit sentía “asco de que se publique algo así”. El periodista se alejó del dogma oficial que rige en este país sobre este tema y sufrió el despido fulminante. Además el periódico se disculpó por haber dejado pasar un texto así. En este tema de la llamada violencia de género, la izquierda y la derecha suelen coincidir contra quien se salga del dogma oficial.

Habría que mencionar muchos más ataques contra la libertad de expresión protagonizados por la izquierda, cada vez más, o la derecha o ambas. Entre ellos, el debate sobre política de género en la Universidad de Sevilla, reventado por personas feministas y de izquierdas; el libro de chistes sobre chicas (para chicas) que el Instituto de la Mujer trató de retirar de la circulación presionando a la editorial mientras que no mencionaba el libro de chistes sobre chicos (para chicas); el libro “Contra la democracia” de los Grupos Anarquistas Coordinados fue utilizado por el juez para incriminar por terrorismo, y muchos más que sería largo enumerar.

Acosando a la libertad de expresión

En la revista Pikara Magazine, Mar Cambrollé, presidenta de la Plataforma por los Derechos Trans publica un artículo titulado “Los absolutistas de la libertad de expresión” donde se manifiesta contra “el mal uso de la libertad de expresión” de quienes no piensan como ella en el asunto del autobús de Hazte Oír. Apela a la limitación que la Constitución española  de 1978 pone a la libertad de expresión que es el derecho al honor, a la intimidad, a la propia intimidad y la protección de la juventud y la infancia. Escribe lo siguiente: “Por tanto se desprende de la propia Constitución que la libertad de expresión no puede ser utilizada para menoscabar derechos y/o difundir odio contra las personas, destacando la infancia y la juventud.”. En realidad, lo de difundir odio contra las personas no lo incluye ni esa Constitución porque esta alegación es de fabricación reciente, no de aquella época. Actualmente, grupos sociales tratan de ser vistos como víctimas para conseguir aparecer como superiores y obtener privilegios. Para ello, recurren a “sentirse ofendidos y oprimidos”, sentimentalismo cada vez más en boga en una sociedad cada vez más infantil. Apelando al discurso del odio, se podría penalizar e impedir cualquier crítica a la patronal, los políticos, etc. Si se llega a eso cualquier panfleto que mencione la expresión “terrorismo patronal” sufriría la censura y el castigo correspondiente para sus autores. Por ahora, que la CNT califique a la empresa DHL de practicar “terrorismo patronal” no atenta contra el derecho al honor, según sentencia del Tribunal Supremo reciente. Cuidado con lo que se apoye pues alguien por sostener a determinados colectivos sociales contribuirá a limitar libertades fundamentales: a algunos militantes nos han multado por carteles relativos a conflictos laborales al interpretar el juez que eran injuriosos.

La libertad de expresión es un elemento imprescindible en una sociedad de hombres y mujeres libres, de lo contrario, estaríamos hablando de una ganadería de seres humanos. Izquierdistas, antifascistas, feministas han logrado hacer mártires de la libertad de expresión a militantes de la asociación ultracatólica Hazte Oír con sus concentraciones de protesta además de mostrar su aversión a quien no comparta sus dogmas. En cuanto consigan más poder, serán tan nocivos como la derecha o más contra las libertades del individuo. La única libertad que promoverán será la del Estado.

Gerardo Fernández

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