Se viene afirmando desde hace años que la pobreza en España es mayor en las mujeres que en los hombres, en especial entre personas de izquierdas, feministas o libertarias. Para la podemita Tania González en Europa la feminización de la pobreza es un hecho, también para el libertario José Luis Carretero Miramar la feminización es enorme en su artículo “Pobreza, renta básica y autoorganización de los excluidos”. Sin embargo, en la calle, no vemos esa mayor pobreza; entre la gente con la que nos relacionamos, tampoco. Claro que esa puede ser una impresión personal y equivocada.

En 2014 se publica un estudio sobre este tema titulado “La pobreza en España desde una perspectiva de género” realizado por Francesc Valls y Ángel Belzunegui de la Universidad Rovira i Virgili. En los porcentajes de personas por debajo del umbral de pobreza, las mujeres tienen de dos a tres puntos porcentuales por encima de los hombres entre el año 2004 y el 2012, excepto en los últimos años donde se van igualando porque como dicen los autores: «Pero los últimos años han puesto fin a esta disyuntiva. Los hombres forman parte de los nuevos colectivos más perjudicados por los efectos de la contracción del mercado de trabajo y ven aumentar el riesgo de sufrir pobreza: en el período 2007-2012 la tasa de pobreza masculina aumentó 3,6 puntos, casi el triple que la femenina (1,3 puntos). Estos resultados concuerdan con los ofrecidos en otras investigaciones, como en Álvarez et al. (2013) y Permanyer y Treviño (2013), donde se alerta que los efectos adversos de la crisis económica han impactado en mayor medida sobre los hombres que sobre las mujeres debido a la mayor vinculación masculina con el mercado laboral y a la destrucción de empleos típicamente masculinos por lo que la reducción de la desigualdad de género se está dando más por un empeoramiento de la posición social de los hombres que por una mejoría de las mujeres» (página 4). En el año 2012, se ha logrado la igualdad en este indicador de riesgo de pobreza.

Por otra parte, España se encuentra en el año 2012 en el grupo de países europeos con mayor igualdad en el riesgo de pobreza entre hombres y mujeres. Además, es uno de los únicos cinco países, con Islandia, Dinamarca, Hungría y Letonia, en los que las mujeres tienen una probabilidad de sufrir pobreza inferior a la de los hombres.

La oficina estadística de la Unión Europea ha creado una nueva medida de la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE, por sus siglas en inglés) que va más allá del análisis de la renta monetaria. Incluye a individuos que se encuentran en alguna de las situaciones siguientes: a) estar en situación de pobreza; b) vivir en un hogar con muy baja intensidad del trabajo (menos del 20% del total potencial del hogar); c) sufrir privación material en por lo menos cuatro de los indicadores propuestos (no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos; no puede permitirse ir de vacaciones por lo menos una semana al año; ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal en los últimos 12 meses; no puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días; no puede permitirse disponer de lavadora; no puede permitirse disponer de TV; no puede disponer de teléfono; no puede tener automóvil). Los datos muestran que la crisis ha impactado especialmente entre los hombres. En 2012, un 28,4% de hombres sufría alguna de estas privaciones en su hogar, por un 28,1% de las mujeres; afectando más a las personas jóvenes, tanto en hombres como en mujeres.

En cuanto a la intensidad de la pobreza es mayor entre los hombres que en las mujeres desde 2004, que se mantiene tradicionalmente masculinizada, lo que concuerda con la Encuesta a las Personas sin Hogar para 2012: de las 22.938 personas sin hogar, 18.425 eran hombres, o sea ocho de cada diez. Realidad bien visible en los albergues para personas sin hogar.

De los datos anteriores no se deduce feminización de la pobreza alguna. Los autores lo achacan a la existencia de hogares donde se comparten ingresos y medios económicos donde vive la mayoría de la población pues se conocen la diferencias salariales, frecuencia de contratos parciales, las diferencias en las pensiones, etc. entre hombres y mujeres. Por eso, han investigado con otra metodología centrada en captar esas diferencias: la hipótesis de la autonomía.

Si las mujeres vivieran de sus ingresos

Esta metodología conlleva numerosas limitaciones, como reconocen los autores citados:
a) Al imponer una hipótesis artificial, la de la autonomía de los individuos, no se sabe cómo reaccionarían los individuos si esa situación se diera en la realidad.
b) Determinados ingresos no se sabe a quién deberían imputarse.
c) Con esta hipótesis hay que limitarse a la pobreza monetaria y no a otros aspectos como la vivienda.

Como es obvio, con tantas limitaciones, los resultados no van a reflejar la realidad actual sino una situación ficticia de individualismo extremo donde cada cual vive de sus ingresos. La conclusión con esta metodología es que la diferencia entre hombres y mujeres estaría en veinte puntos porcentuales durante los nueve años analizados, es decir habría feminización de la pobreza en esa situación hipotética que se vería claramente en colectivos como el de las mujeres solteras con hijos. Si son de la clase trabajadora, claro, porque si se tratase de la élite femenina, nada de eso. Las clases siguen existiendo aunque mucha gente trata desarrollar la guerra entre los sexos. Seguro que, entre clases, las diferencias no serían de veinte puntos porcentuales. Lo triste es ver que personas del mundillo libertario aceptan sin más la existencia de feminización de la pobreza en España, hoy. Que lo hagan quienes promueven o viven del feminismo de Estado no nos debería extrañar. Una vez más, tratan de exacerbar las diferencias entre sexos considerando a las mujeres como víctimas para lograr una compensación del Estado y que la sociedad se considere en deuda. En cierto modo, como los independentistas catalanes respecto la población del resto del Estado cuando afirman que “España nos roba”. En este asunto, sería algo así como que “los hombres nos empobrecen”.

Gerardo Fernández

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