La brecha salarial entre hombres y mujeres es objeto de controversia en los medios de comunicación. Para unos esa brecha se debe a la discriminación de las mujeres, para otros, a varios factores, entre los cuales estaría la discriminación de las mujeres. Con los datos del INE no se puede mantener la primera postura porque el 24% de diferencia en cómputo anual se convierte en el 14% de diferencia por hora y todavía habría que tener en cuenta otros factores. Lo más probable es que la discriminación influya en menos de un 10%. Nadie sabe cuánto. La tendencia de esa brecha salarial es a disminuir en los últimos decenios en España. Por lo tanto, esa será la mejora en el salario de las mujeres, por término medio. No es mucho, pero de donde no hay no se puede sacar. Pero, tal vez, por el camino, logren algún tipo de “discriminación positiva”, es decir privilegios para las mujeres, por el hecho de serlo. No avanzaríamos nada como sociedad en el terreno de la igualdad laboral si para corregir una injusticia creáramos otra. Lamentablemente, hay bastantes posibilidades de que eso suceda.

En los años treinta del siglo pasado, los salarios de las mujeres eran menores que los de los hombres; así figuraba en las Bases de trabajo o convenios laborales de la época. Convenios de ese tipo yo no conozco ninguno; son ilegales desde los años ochenta. Casos de discriminación directa, no creo que abunden, afortunadamente, porque ni aparecen en los medios de Formación de Masas, ni llegan a los tribunales ni la gente los menciona en conversaciones sobre el tema, ni nos enteramos los sindicatos, ni los encuentra la Inspección de Trabajo. Sí que se conocen casos de discriminación indirecta que tienen que ver con cómo se remuneran las categorías en los convenios donde hay más hombres o mujeres, o en los ascensos de categoría. En cualquier caso, la UGT exagera mucho cuando afirma que las empresas se ahorran 42.000 millones de euros, o sea, 6.000 euros por siete millones de trabajadoras, lo que supone trabajar no sé cuántos días gratis cada año respecto a los hombres. Nadie sabe cuánta discriminación hay, ni cuánto se ahorran las empresas. Se conoce la brecha salarial en cómputo anual que es del 23%, pero por hora ya baja al 14%, aproximadamente, porque las mujeres trabajan menos horas y tienen más contratos a tiempo parcial. Si cada vez que salen las horas que trabajan en casa las mujeres, más que los hombres, se publicasen las horas que trabajan los hombres en trabajos remunerados, más que las mujeres, lo tendríamos más claro. Pero este último dato no les interesa que se conozca a algunas personas porque entonces la diferencia estadística entre hombres y mujeres en las tareas de casa se compensa en parte con lo que trabajan de más los hombres en trabajos remunerados. La UGT, y quienes usan sus datos sobre lo que se ahorran las empresas están creando falsas expectativas a las mujeres. Luego, vendrán las decepciones y el sentir que te han engañado.

Brecha salarial entre hombres y mujeres no es equivalente a brecha por discriminación sexista. Que en una empresa o sector haya una brecha considerable no significa obligatoriamente que la brecha por discriminación sexista sea de esa dimensión. Y si la brecha es pequeña tampoco implica que la brecha por discriminación sexista lo sea también. Por ello, si alguna futura legislación laboral establece un umbral de un porcentaje de brecha salarial para tomar medidas como parece que se quiere establecer no habremos adelantado mucho. Lo que sí se busca es crear nuevos puestos burocráticos para los que no faltarán candidaturas con presupuestos adicionales que tendremos que sufragar con nuestro sudor engordando el aparato del Estado.

Cuando las empresas tengan que cumplir con las exigencias de una brecha salarial menor de un porcentaje nadie sabe la decisión que pueden tomar. Pueden contratar a mujeres sólo, o a hombres (improbable, porque las instituciones feministas presionarían), despedir a hombres o a mujeres (improbable, por lo dicho antes), hasta cumplir con la ley; subir el sueldo a las mujeres (nada probable), bajar el sueldo a los hombres (más probable), incumplir la ley, etc. Podría haber brecha salarial entre hombres y mujeres en una empresa sin que hubiera discriminación sexista. Por ejemplo, una empresa donde los hombres trabajasen a tiempo completo y las mujeres a tiempo parcial. Por cierto que en el Consejo Ciudadano Estatal del ultra-feminista Podemos la brecha salarial en cómputo anual es de 829 euros.

Si, con la excusa de la brecha salarial entre hombres y mujeres, se establecen nuevas “discriminaciones positivas” para las mujeres, o sea privilegios, tarde o temprano habrá una reacción contra ese abuso y contra el feminismo supremacista que las promueve. Es incoherente que quien defiende la igualdad admita la “discriminación positiva”: cuotas para mujeres, pruebas más fáciles para mujeres, bonificaciones mayores al contratar a mujeres, etc.

Tampoco parece acertado favorecer en la contratación al sexo infrarrepresentado. En realidad, se aluden al “género”, pero como hay más de 60 géneros, incluido el género fluído, no sé cómo podrían hacerlo; así que me referiré al sexo y no al género. En Noruega, país con larga andadura en asuntos de igualdad entre sexos, los puestos de enfermería están ocupados por mujeres mientras que en la construcción predominan los hombres. En España, en la educación infantil, más del 90% de los puestos están ocupados por mujeres; tal vez les faltasen hombres cualificados si pretenden llegar al 40% de hombres en este sector. En Navarra, su Gobierno quiere poner mujeres en las industrias, pero la patronal alega que les faltaría personal cualificado en muchas. Incluso hay algún caso donde la “discriminación positiva” para favorecer al sexo infrarrepresentado beneficia a los hombres, como es el caso del Ayuntamiento de Valencia para algunos puestos administrativos. La obsesión por la paridad es un desvarío de un feminismo que ya no sabe cómo justificar su existencia y las subvenciones que recibe. Otro asunto delirante es la campaña contra el despatarre de los hombres en el transporte público. Ni siquiera una comunista como Alejandra Kollontai veía con buenos ojos que mujeres en su época trabajasen de estibadoras.

La “discriminación positiva” es un obstáculo para la igualdad entre hombres y mujeres que hay que eliminar.

Hay muchas brechas salariales que pasan desapercibidas

“En 2014, el salario medio por hora trabajada de los empleados a tiempo completo fue superior en un 51% a los de tiempo parcial”, según Carlos Sánchez en El Confidencial del 17 de marzo de 2015 que obtiene los datos de la Encuesta Laboral del INE.

Hay brechas salariales muy importantes entre trabajadores jóvenes y trabajadores de mayor edad o entre trabajadores discapacitados y no discapacitados; todas ellas mayores que la que hay entre hombres y mujeres, pero casi nadie se refiere a ellas; están como se dice ahora “invisibilizadas”, y así seguirán porque sobre esas situaciones laborales no hay sensibilidad. En nuestra sociedad la sensibilidad es bastante poco objetiva.

Como consecuencia de la brecha salarial entre hombres y mujeres se produce una brecha en las pensiones todavía mayor porque las mujeres cotizan menos años que los hombres. En algunos países las mujeres se jubilan varios años antes que los hombres, por ejemplo en Argentina. Hace poco se conocía el caso de un varón argentino que se cambió a mujer aprovechando las leyes de género para jubilarse antes sin necesidad de hormonarse o hacerse cirugía. Este hecho tampoco suele aparecer en los medios de Formación de Masas, como tampoco se menciona que, como los hombres mueren antes, las mujeres cobran sus pensiones durante más años que los hombres. Por otro lado, las mujeres con dos o más hijos reciben un complemento de maternidad del 5%, 10% y 15% sobre su pensión. Las mujeres en España reciben más pensiones que los hombres.
En febrero de 2018 había 2.175.553 mujeres con pensión de viudedad, pero sólo 181.424 hombres con ese tipo de pensión. Con Franco no había pensiones de viudedad para hombres porque su legislación no lo permitía; será a principios de los años ochenta cuando se modifica esa normativa discriminatoria para que puedan tener derecho a ella. Otro dato que no suele aparecer en los debates sobre cuantías de las pensiones es que las pensiones de viudedad que reciben los hombres son muy inferiores (488,54 euros) a las que reciben las mujeres (665,81). En cualquier caso, no se puede argumentar que en las pensiones se discrimina a las mujeres puesto que la Seguridad Social aplica el mismo cálculo para unos que para otras.

Brecha salarial también existe entre trabajadores de distintas Comunidades Autónomas debido a los diferentes convenios colectivos y al tipo de actividades productivas en las mismas.
Curiosamente, una investigación reveló que los hombres altos ganaban más que los hombres de menor estatura, sin que hasta ahora nadie reivindique una compensación por esa desigualdad aunque dado el grado de victimismo al que hemos llegado nunca es tarde para que eso suceda; reivindicaciones más absurdas se han propagado en la reciente “huelga” feminista.

Mientras tanto, la gigantesca brecha salarial entre quienes viven de su trabajo y quienes viven del trabajo ajeno permanece invisible, y no se trata de diferencias inferiores al cien por cien sino muy superiores. Como dice una viñeta de El Roto: “a ver si acabamos con la desigualdad entre hombres y mujeres y nos ocupamos de la desigualdad entre personas”.

Gerardo Fernández

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